Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.

Resumen

19/04/2008

Otra vez no

20080515171040-otra-vez-no.jpg
Otra vez el revés de quien no esperas. Otra vez la gélida mano que atrapa a alguien por la espalda. Has decidido volver a acechar y elegir otra más para tu colección, esa colección que aumentas cada día con jóvenes y ancianos, inocentes, desprevenidos, aún no preparados. Has vuelto a venir cuando menos te queríamos. Has reincidido en tu afán por engrosar la lista de nombres que no volverán a llamar a nadie. Nombres que ahora serán pronunciados evocando un recuerdo más que una imagen real. Porque esa imagen te la has llevado contigo, otra vez.
 
¿Acaso te era tan necesaria? ¿Acaso era tan importante dejarnos sin ella? ¿Qué te importaba a ti dejarla vivir otros veintiséis años? No, no podías esperar, tenías que venir a buscarla, sin avisar, sin darnos tiempo para reaccionar y ni siquiera poder negarte ese capricho. Porque nos habríamos negado, habríamos luchado lo indecible para que no cerrases los grilletes en sus muñecas. A veces te recuerdo y me recorre un escalofrío, porque me pregunto si tienes más de tus diabólicos planes, si ideas venir en breve y llevarte a otro de ésos que no se tienen que ir. A veces te odio porque truncas una torre de ilusiones con tan sólo un soplido, una torre que apenas ha empezado a crecer pero en el plano consta de millones de pisos, cada uno con millones de personas en su interior. A veces me gustaría que no existieras, porque sólo dejas desesperación cuando llegas y te vas sin decir nada. Nos dejas impotencia y rabia, y anegas nuestras vidas de vacuos pensamientos con los que sólo pretendemos encontrar un consuelo. Nos dejas un torbellino de sensaciones del que nos es tan difícil salir. Estoy seguro de que te carcajeas de nosotros mientras nos observas buscar una pista que nos lleve a prevenir tu llegada.
 
Te ríes, sí, te ríes, con esa risa perenne dibujada en tu pálido rostro. No me haces gracia, porque lo has vuelto a hacer, has vuelto a arrebatarnos a alguien que no quería irse. Todo lo contrario, ella quería quedarse mucho tiempo, porque tenía mucho que hacer. Quería seguir aquí, riéndose con nosotros y sintiendo la ilusión, la magia de la vida, de los amigos, de la familia. Tenía grandes planes. Y tú lo has vuelto a hacer. Tú, hija de la gran puta, has vuelto a matar. Y para mí, lo has hecho de forma indiscriminada. Te enorgulleces de cuantas conquistas haces en este nuestro mundo de las risas y los dibujos, donde nos movemos y vivimos, en el mundo de los vivos. Te has llevado a mucha gente, pero especialmente me duelen todos esos que te llevaste sin motivo, a quienes probablemente tendiste trampas que no podían salvar. En los últimos tres años, me duelen especialmente tres. Sus edades: 24, 25, y 26 años. A cual más reacio a irse, a cual con más ganas de estar aquí.
 
No se te ocurra acercarte más por aquí, deja de venir, quédate en tu sitio y llévate a aquellos que te buscan. Ya te lo dije una vez, pero te mofas de nuestras súplicas. Te ríes delante de nosotros de nuestra desesperación. Déjanos en paz, y déjanos vivir aquí, los que queremos hacerlo.
 
Aún así, te crees vencedora. Crees que los haces desaparecer, y ahora me río yo. Todos esos que te llevas, lejos de desaparecer, viven para siempre. Ahora que ya no están aquí, ahora que no podremos disfrutar de ellos, ahora sus nombres serán recordados, ahora su recuerdo se vuelve indeleble.
Sábado, 19 de Abril de 2008 19:01 Autor: roth. #. No hay comentarios. Comentar.

27/04/2008

Pasa el tiempo

20080515171012-pasa-el-tiempo.jpg

Pasa el tiempo y, con él, pasan cosas. Suceden eventos, conoces personas, encuentras amigos. Pasa el tiempo y, sin que te des cuenta, ya pasó mucho. Pasó mucho desde aquella última vez. Porque una vez hubo una última vez, pero nunca pensaste que fuera a convertirse en la última. Pasa el tiempo y, con él, te das cuenta de que las cosas cambian. O tal vez no, tal vez "cuanto más cambian las cosas más siguen igual"...

Es cierto que el tiempo pone las cosas en su sitio, es cierto que cura heridas, pero hay cosas que ni siquiera el tiempo puede arreglar. De hecho, en ocasiones el tiempo es esa pendiente hacia abajo que provoca que las cosas rueden por sí solas. En ocasiones el tiempo se convierte en nuestro mayor aliado, pero también puede ser nuestro mayor enemigo. El tiempo puede regalarte la perspectiva que buscas, la solución a tu problema, la respuesta a tu pregunta. Pero en este caso, la paradoja temporal es que el tiempo te da una respuesta a una pregunta que formulaste en el pasado, y cuando obtienes la respuesta desearías volver a ese pasado para contestar... pero ya no es posible. Tal vez ahora que conoces la respuesta, la pregunta es radicalmente diferente...

El tiempo sana viejos dolores, dicen. No puedo decir que no esté de acuerdo, pero habría que matizarlo. En cualquier caso no es ahora cuando quiero hacerlo, porque no es el momento. Ya llegará el tiempo de los matices y los detalles, de las palabras, de las respuestas, de contestar a todas tus preguntas, de descubrirte la verdad mientras te consumes en la incertidumbre. Ya llegará el tiempo de saber ser y estar, de querer, de afrontar, de aceptar, y de atreverse.

Es curioso cómo el tiempo modifica nuestro pensamiento. Es curioso cómo uno mismo puede cambiar de opinión sobre cualquier cosa con tan sólo el transcurso del tiempo. "Pero, ¿será porque ahora tienes más información?", podría decirnos alguien. La respuesta es: "No, simplemente he tenido más tiempo para pensarlo". ¿Cuántas veces nos quejamos de que no tenemos tiempo? ¿Cuántas veces decimos en voz alta: "Necesito más tiempo para pensarlo"? He ahí el quid de la cuestión. No somos nosotros todo el tiempo, no somos iguales, no somos los mismos (somos lo mismo, pero no los mismos). A cada segundo que pasa nuestro cerebro dispone de más ventaja sólo por el hecho de que es más viejo, más experimentado ("Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo"), y a cada segundo que pasa evolucionamos hacia un ser superior, porque somos más sabios, más viejos, hemos sido más nosotros, en definitiva.

El tiempo que ha pasado es justo el tiempo que necesitábamos para darnos cuenta de las cosas. Es justo en ese instante cuando nos volvemos conscientes de todo. No antes, porque es en ese momento cuando decimos: "Esto es lo que necesitaba". Justo en ese momento somos conscientes del tiempo que ha transcurrido, y justo en ese momento empezamos a ser capaces de valorarlo. Es inútil por completo querer abarcar más de lo que podemos abarcar. El tiempo es finito, es el que es, y todo lo más podemos exprimirlo, pero en realidad no exprimimos el tiempo, sino que nos exprimimos a nosotros mismos para sacarnos todo el jugo posible y llenar el vaso del tiempo que nos queremos servir.

Sin embargo, el tiempo es relativo. Sin entrar en disquisiciones físicas, basta con preguntar a dos personas sobre un acontecimiento pasado. Lo más probable es que nos encontremos con dos impresiones distintas del tiempo transcurrido desde entonces. Y precisamente esa diferencia es la que nos confiere esa perspectiva que tantas veces anhelamos, esa respuesta que buscamos. Justamente el tiempo nos da la razón... y no siempre, porque cuando a uno se la da, a otro se la quita.

No desdeñéis el poder del tiempo, no descuidéis su valor. Por el momento, creo que mi tiempo se ha acabado. Y espero no haberos hecho perder el vuestro.

Domingo, 27 de Abril de 2008 22:03 Autor: roth. #. No hay comentarios. Comentar.




Rothfugio

Sólo un rincón donde guardar... algunas cosas.

Temas

Archivos

Enlaces


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.