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Rothfugio

Pasa el tiempo

Pasa el tiempo

Pasa el tiempo y, con él, pasan cosas. Suceden eventos, conoces personas, encuentras amigos. Pasa el tiempo y, sin que te des cuenta, ya pasó mucho. Pasó mucho desde aquella última vez. Porque una vez hubo una última vez, pero nunca pensaste que fuera a convertirse en la última. Pasa el tiempo y, con él, te das cuenta de que las cosas cambian. O tal vez no, tal vez "cuanto más cambian las cosas más siguen igual"...

Es cierto que el tiempo pone las cosas en su sitio, es cierto que cura heridas, pero hay cosas que ni siquiera el tiempo puede arreglar. De hecho, en ocasiones el tiempo es esa pendiente hacia abajo que provoca que las cosas rueden por sí solas. En ocasiones el tiempo se convierte en nuestro mayor aliado, pero también puede ser nuestro mayor enemigo. El tiempo puede regalarte la perspectiva que buscas, la solución a tu problema, la respuesta a tu pregunta. Pero en este caso, la paradoja temporal es que el tiempo te da una respuesta a una pregunta que formulaste en el pasado, y cuando obtienes la respuesta desearías volver a ese pasado para contestar... pero ya no es posible. Tal vez ahora que conoces la respuesta, la pregunta es radicalmente diferente...

El tiempo sana viejos dolores, dicen. No puedo decir que no esté de acuerdo, pero habría que matizarlo. En cualquier caso no es ahora cuando quiero hacerlo, porque no es el momento. Ya llegará el tiempo de los matices y los detalles, de las palabras, de las respuestas, de contestar a todas tus preguntas, de descubrirte la verdad mientras te consumes en la incertidumbre. Ya llegará el tiempo de saber ser y estar, de querer, de afrontar, de aceptar, y de atreverse.

Es curioso cómo el tiempo modifica nuestro pensamiento. Es curioso cómo uno mismo puede cambiar de opinión sobre cualquier cosa con tan sólo el transcurso del tiempo. "Pero, ¿será porque ahora tienes más información?", podría decirnos alguien. La respuesta es: "No, simplemente he tenido más tiempo para pensarlo". ¿Cuántas veces nos quejamos de que no tenemos tiempo? ¿Cuántas veces decimos en voz alta: "Necesito más tiempo para pensarlo"? He ahí el quid de la cuestión. No somos nosotros todo el tiempo, no somos iguales, no somos los mismos (somos lo mismo, pero no los mismos). A cada segundo que pasa nuestro cerebro dispone de más ventaja sólo por el hecho de que es más viejo, más experimentado ("Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo"), y a cada segundo que pasa evolucionamos hacia un ser superior, porque somos más sabios, más viejos, hemos sido más nosotros, en definitiva.

El tiempo que ha pasado es justo el tiempo que necesitábamos para darnos cuenta de las cosas. Es justo en ese instante cuando nos volvemos conscientes de todo. No antes, porque es en ese momento cuando decimos: "Esto es lo que necesitaba". Justo en ese momento somos conscientes del tiempo que ha transcurrido, y justo en ese momento empezamos a ser capaces de valorarlo. Es inútil por completo querer abarcar más de lo que podemos abarcar. El tiempo es finito, es el que es, y todo lo más podemos exprimirlo, pero en realidad no exprimimos el tiempo, sino que nos exprimimos a nosotros mismos para sacarnos todo el jugo posible y llenar el vaso del tiempo que nos queremos servir.

Sin embargo, el tiempo es relativo. Sin entrar en disquisiciones físicas, basta con preguntar a dos personas sobre un acontecimiento pasado. Lo más probable es que nos encontremos con dos impresiones distintas del tiempo transcurrido desde entonces. Y precisamente esa diferencia es la que nos confiere esa perspectiva que tantas veces anhelamos, esa respuesta que buscamos. Justamente el tiempo nos da la razón... y no siempre, porque cuando a uno se la da, a otro se la quita.

No desdeñéis el poder del tiempo, no descuidéis su valor. Por el momento, creo que mi tiempo se ha acabado. Y espero no haberos hecho perder el vuestro.

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