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Rothfugio

Caen en el olvido

Caen en el olvido

Todas esas cosas que quedan atrás, a veces, caen en el olvido. Incluso sin quererlo, incluso sin desearlo. Por supuesto hay muchas que se salvan de caer al pozo del olvido, que siempre permanecerán grabadas a fuego en nuestra memoria. Sin embargo, hay muchas otras que desaparecen para siempre y dejan, por tanto, de existir.

Porque el olvido es la forma de no existencia. Todos cuantos fueron olvidados en realidad nunca existieron. Si no son recordados por algo en concreto, si no dejaron huella de su paso, mueren en el no recuerdo, se pierden en el infinito no ser cósmico, dejan de existir no sólo real sino también virtualmente, se hunden en el océano de la oscuridad de la memoria, sencillamente desaparecen.

Tal vez por eso asumimos de vez en cuando que determinadas cosas no ocurrieron. Es curioso porque, mientras que deseamos que ocurran ciertas cosas que no ocurren, deseamos que no hubieran ocurrido otras que sí lo hicieron, y deseamos que hubiesen ocurrido otras que no tuvieron lugar. En ocasiones incluso olvidamos por completo importantes acontecimientos, y eso provoca que desaparezcan para siempre de nosotros, de nuestra vida, y pensamos, creemos realmente que no sucedieron. ¿Cambia, por tanto, nuestra vida? No, pero cambia nuestra percepción de la misma, del mundo. Y aquí alguien podría decir que tal vez el hecho de que cambie nuestra percepción del mundo está cambiando el mundo mismo para nosotros. Bueno, es posible, pero en cualquier caso no cambian los hechos del pasado, olvidados o no, que es lo que aquí nos atañe.

Recientemente me he dado cuenta de que había olvidado muchas cosas; viajes, anécdotas, personas, frases, risas, llantos y tantas, tantísimas otras cosas. Y las he recordado gracias a momentos concretos, situaciones determinadas, conversaciones definidas, fotografías oportunas... Hay ciertas cosas que me gustaría olvidar, pero no puedo, esas cosas no se hunden en el Mar Negro de la Memoria, flotan como todos nosotros. No puedo simplemente colocarles un "Cementerio en los zapatos" (gracias, Enrique) y arrojarlas a las aguas a la espera de que desaparecan en la profundidad. No, para ello debo reutilizar el espacio que ocupan en mi cabeza, debo empujarlas suave pero firme y decididamente hacia muy abajo, llevarlas allí, como los buceadores de apnea, que se arriesgan en un esfuerzo sobre humano para llegar a lo más profundo posible. Pues así debo hacerlo yo, tomar fuerzas y valor, y sumergirme con bravura en mi memoria y mi olvido simultáneos, para juntar de la mano ambas cosas por eslabones concretos que nunca puedan soltarse, para que así nunca jamás vuelvan a salir a flote todas esas cosas.

Por eso quiero dejar constancia de todo esto por escrito, tomar mi pluma y mi papiro, y decir a todos que no podemos (no debemos) olvidar ni ser olvidados. Si nuestra misión (recordemos aquello de "La vida es ficción" de hace unos poquitos meses) decidimos que sea ser recordados, hagamos algo para conseguirlo. Escribamos, viajemos, dibujemos, amemos, vivamos, y contémoslo. Escribámoslo para que haya constancia eterna. Porque, insisto, no podemos permitirnos el lujo de caer en el olvido porque, en ese caso, no habremos existido nunca.

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1 comentario

cris -

"Tantas cosas suceden sin que nadie se entere ni las recuerde. De casi nada hay registro, los pensamientos y movimientos fugaces, los planes y los deseos, la duda secreta, las ensoñaciones, la crueldad y el insulto, las palabras dichas y oídas y luego negadas o malentendidas o tergiversadas, las promesas hechas y no tenidas en cuenta, ni siquiera por aquellos a quienes se hicieron, todo se olvida o prescribe, cuanto se hace a solas y no se anota y también casi todo lo que no es solitario sino en compañía, cuán poco va quedando de cada individuo, de qué poco hay constancia, y de ese poco que queda tanto se calla, y de lo que no se calla se recuerda después tan sólo una mínima parte, y durante poco tiempo, la memoria individual no se transmite ni interesa al que la recibe, que forja y tiene la suya propia. Todo el tiempo es inútil, cuanto acontece, cuanto entusiasma o duele en el tiempo se acusa sólo un instante, luego se pierde y es todo resbaladizo como la nieve compacta…"

(J. Marías, Mañana en la batalla piensa en mí)
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