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Rothfugio

Estoy triste

Estoy triste
[Esta entrada corresponde al sábado día 3 de julio de 2010]
 
Sábado, 3 de julio. Estoy triste. Sí, estoy triste, y no ha sucedido nada malo. Es sólo una sensación. La sensación de ser invadido por un huracán de pensamientos que te llevan más allá. Piensas y sientes lo que hay, lo que llega y lo que llena. Y una necesidad de sentir aún más, de querer llegar hasta el fondo mismo del origen de las emociones. Pero no puedo, no lo consigo. Hoy he tenido un viaje mágico, me han llevado a un país de emoción y me han contado que para ser hay que decir pero también hay que callar. Me han mostrado el secreto de llegar al final del camino que quieres recorrer, y lo mejor es que me han avisado de todas las piedras de ese camino. Para algunas hasta me han dado indicaciones sobre cómo saltarlas. Pero estoy triste. Estoy triste porque he visto el final de la película. Ahora conozco ya el final del libro, y  me he dado cuenta de que, independientemente de lo que pase, no es un final feliz. He viajado en el tiempo y he visto a mi yo futuro, y no tenía nada de lo que añoro en el presente. Todas esas cosas que ahora anhelo conseguir están lejos, pero eso no sería malo si no conociera el final de la historia. Y es que conocer es horrible, saber es una condena. La incertidumbre, tan maldita tantas veces por grandes y admirados, se vuelve esperanza y clavo ardiendo. Dice mi admirado Oscar Wilde: "Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono, la duda es apasionante", y el aclamado Fernando Pessoa: "Vale más la pena ver una cosa siempre por primera vez que conocerla, porque conocer es como no haber visto nunca por primera vez, y no haber visto nunca por primera vez es sólo haber oído contar". Esperar la vez primera es anhelo, conocer es desilusionador, desilusionante, propio de desilusionados. Descubrir es maravilloso, esperar es viviente, avivador, es propio de los vivos. Ojalá todo fuera siempre descubrir.
 
La felicidad es andar el camino buscando tus anhelos y volcándote en las emociones. Luchar por sentir las emociones de la forma más intensa posible. Pero no puedo. Todas esas piedras del camino son más bien montañas que se elevan hasta lo más alto, con paredes ariscas y senderos inaccesibles.
 
Pero hoy me han enseñado las emociones, las mías. Ésas que están a la vez hundidas en lo profundo y apenas bajo la piel, y he comprendido que llevaba mucho tiempo sin sentir. Me gustaría dedicar el tiempo necesario a sentir, y también a hablar, para poder ser. Pero ser también implica ser percibido, y ahora mismo tengo mucho que decir, pero no encuentro el cómo ni a quién que me pueda percibir.
 
Por fortuna, la poesía de la palabra me da esa esperanza de herramienta que me permite ser al menos por unos instantes. Y ahí está, es entonces cuando soy, cuando vivo. Y saberme vivo me permite, hoy, ser feliz. Por eso, hoy ese sentimiento me gusta, y me gusta decir que estoy triste.
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