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Rothfugio

Vuelve a inclinarse la balanza

Vuelve a inclinarse la balanza
          Lo que nunca debe hacerse es mirar atrás con duda. Nunca se debe desear volver atrás. Una vez que se toman decisiones, se deben asumir las consecuencias. Una vez alguien dijo que en la vida todo es cuestión de decisiones, y que en todas ellas nos equivocaremos, porque siempre nos preguntaremos: "¿Y qué habría pasado si hubiera tomado la otra opción?". Pues sí, es cierto, siempre nos preguntaremos qué habría pasado, pero no debemos querer volver atrás. Primero porque no podemos, segundo porque no nos conviene. Si fue un error esa opción, ya vendrá el momento de pagarlo o de enmendarlo, pero no el de volver atrás en el tiempo porque, sencillamente, no se puede.
Otra cosa es cuando alguien toma una decisión por ti que no le corresponde. Ahí es necesario hacer ver que se han equivocado sólo con el hecho de actuar. Claro, no es fácil, pero hay que hacerlo. Aunque después de todo, siempre podemos pensar: "¿Lo hizo por mí porque yo fui incapaz de hacerlo?". Es posible, no digo que no... Aún así, existen momentos realmente dignos de olvido. De repente te encuentras en el camino una piedra que te hace polvo la planta del pie, te la quitas del zapato, la tiras lejos y continúas. Al rato otra piedrecita. ¿Es la misma, o se le parece tanto porque sigue jodiendo como hacía la anterior? A efectos prácticos es lo mismo, según diría alguien.
Realmente me cabrean ciertas cosas, pero bueno, no puedo hacer nada por evitarlo. Total, nadie de nosotros tiene el control de la vida de nadie (ni debemos tenerlo, afortunadamente), aunque resulta paradójico que en ocasiones ni siquiera tengamos el de la nuestra propia.
Un día te enteras de algo que no sólo no sabías, sino que además eras incapaz siquiera de sospechar. ¿Como un jarro de agua fría? No, más bien como agua de mayo. Tantas hipocresías, tantas mentiras, síes y noes consecutivos... ¡Ay, qué tiempos aquéllos!... Por fortuna, ya pasaron. Porque después de las ideas rotas la balanza vuelve a estar en equilibirio, y la paz inunda desde hace tiempo mi pequeño mar interior. Y qué alegría, qué alivio, qué quietud... Yo que nunca comulgué con el A de cara y el B de espalda, con los 180º que separan la realidad de la virtualidad, con la tinta en agua salada...
Cuando te das cuenta de todas esas cosas lo mejor es, siempre, subirte al palo más alto, mirar de cara al viento y sonreir con orgullo, porque lo has conseguido. Y el propio viento será el que ondee mis rizos indicando la dirección en el que olvidar todo lo que se convierta en digno de ser olvidado.
La felicidad... Tantas dedicatorias por hacer con esa sonrisa de orgullo... Qué ganas de gritar... Pero, por hoy, lo dejo aquí.
¿Y lo genial que es tener la conciencia tranquila...? Ésa es la mejor venganza.
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