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Rothfugio

Otra vez no

Otra vez no
Otra vez el revés de quien no esperas. Otra vez la gélida mano que atrapa a alguien por la espalda. Has decidido volver a acechar y elegir otra más para tu colección, esa colección que aumentas cada día con jóvenes y ancianos, inocentes, desprevenidos, aún no preparados. Has vuelto a venir cuando menos te queríamos. Has reincidido en tu afán por engrosar la lista de nombres que no volverán a llamar a nadie. Nombres que ahora serán pronunciados evocando un recuerdo más que una imagen real. Porque esa imagen te la has llevado contigo, otra vez.
 
¿Acaso te era tan necesaria? ¿Acaso era tan importante dejarnos sin ella? ¿Qué te importaba a ti dejarla vivir otros veintiséis años? No, no podías esperar, tenías que venir a buscarla, sin avisar, sin darnos tiempo para reaccionar y ni siquiera poder negarte ese capricho. Porque nos habríamos negado, habríamos luchado lo indecible para que no cerrases los grilletes en sus muñecas. A veces te recuerdo y me recorre un escalofrío, porque me pregunto si tienes más de tus diabólicos planes, si ideas venir en breve y llevarte a otro de ésos que no se tienen que ir. A veces te odio porque truncas una torre de ilusiones con tan sólo un soplido, una torre que apenas ha empezado a crecer pero en el plano consta de millones de pisos, cada uno con millones de personas en su interior. A veces me gustaría que no existieras, porque sólo dejas desesperación cuando llegas y te vas sin decir nada. Nos dejas impotencia y rabia, y anegas nuestras vidas de vacuos pensamientos con los que sólo pretendemos encontrar un consuelo. Nos dejas un torbellino de sensaciones del que nos es tan difícil salir. Estoy seguro de que te carcajeas de nosotros mientras nos observas buscar una pista que nos lleve a prevenir tu llegada.
 
Te ríes, sí, te ríes, con esa risa perenne dibujada en tu pálido rostro. No me haces gracia, porque lo has vuelto a hacer, has vuelto a arrebatarnos a alguien que no quería irse. Todo lo contrario, ella quería quedarse mucho tiempo, porque tenía mucho que hacer. Quería seguir aquí, riéndose con nosotros y sintiendo la ilusión, la magia de la vida, de los amigos, de la familia. Tenía grandes planes. Y tú lo has vuelto a hacer. Tú, hija de la gran puta, has vuelto a matar. Y para mí, lo has hecho de forma indiscriminada. Te enorgulleces de cuantas conquistas haces en este nuestro mundo de las risas y los dibujos, donde nos movemos y vivimos, en el mundo de los vivos. Te has llevado a mucha gente, pero especialmente me duelen todos esos que te llevaste sin motivo, a quienes probablemente tendiste trampas que no podían salvar. En los últimos tres años, me duelen especialmente tres. Sus edades: 24, 25, y 26 años. A cual más reacio a irse, a cual con más ganas de estar aquí.
 
No se te ocurra acercarte más por aquí, deja de venir, quédate en tu sitio y llévate a aquellos que te buscan. Ya te lo dije una vez, pero te mofas de nuestras súplicas. Te ríes delante de nosotros de nuestra desesperación. Déjanos en paz, y déjanos vivir aquí, los que queremos hacerlo.
 
Aún así, te crees vencedora. Crees que los haces desaparecer, y ahora me río yo. Todos esos que te llevas, lejos de desaparecer, viven para siempre. Ahora que ya no están aquí, ahora que no podremos disfrutar de ellos, ahora sus nombres serán recordados, ahora su recuerdo se vuelve indeleble.
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