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Palabras para Víctor

Casi once años llenos de emociones. Cuando te presentaste por aquí todos estábamos temblando. Temblábamos de miedo. Miedo porque no sabíamos qué iba a ocurrir. Desde el principio, nos enseñaste que las cosas no son lo que parecen, y que había que ser fuerte. Y resultó ser que tú eras el más fuerte de todos. Lo eras tanto que te dedicaste a repartir fuerza, ánimos y esperanza por todas partes. Primero a tus padres y al resto de la familia, pero pronto a todos los que te rodearon, que eran muchos. La fuerza que te permitía ir paso a paso hasta el siguiente escalón. Y no importa que estuviera demasiado alto, tu objetivo era subirlo a toda costa. Llegar a lo más alto para decirles a todos dónde estabas. Ya fuera en casa, en el colegio o en el hospital, siempre te encargaste de demostrar que no ibas a conformarte con nada, sino que ibas a seguir subiendo mientras te quedaran fuerzas. Y eso lo decidiste ya desde muy pequeño. Pero siendo pequeño, te dedicaste a enseñarnos cosas a los grandes.

Con el paso del tiempo nos enseñaste a disfrutar de cada momento. Nos enseñaste a pensar en el día a día, y en el día de mañana sólo cuando era necesario. Eras pequeño, pero tu efecto gigante. En casa, en el barrio, en el cole, en la consulta, en la UVI, en planta... Nadie volvió a ser el mismo. Dejaste un poquito de ti dentro de todos, y es que tenías mucho que darnos.

Eras pequeño, pero nos has dado lecciones inmensas. “¿Cómo estás? – Bien.” Siempre bien. Porque no había nada que te tumbara. Porque no había hueco en ti para la tristeza. Sonrisa tras sonrisa, y minuto a minuto, nos diste años de cariño, amor y felicidad. Cada pequeño paso un salto, cada mínimo logro una conquista. Cada día con nosotros un regalo.

Eras pequeño, pero ya reclamabas tu espacio. Y ahora tienes todo el espacio del mundo para saltar, lo que siempre quisiste hacer. Te fuiste feliz y tranquilo, desde casa, como tú querías que fuera. Y nosotros ahora te pensamos y nos sonreímos, porque sabemos que tienes un corazón nuevo y fuerte. Y no te olvidamos.

 

<<Has estado con nosotros once años,

y has escrito parte de la historia

que, aunque tristes, recordamos.

Hoy seguimos donde tú lo dejaste,

con la tinta del dolor en la memoria.

Toda la vida tenías por delante,

y ahora ya te has ido.

Pero no por eso nos conformamos.

Esto no es, Víctor, un punto y aparte,

sino un punto y seguido.>>

 

Lunes, 13 de Junio de 2011 11:21 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Hoy me dejo de poesías

¡Cómo te echo de menos, joder!

Viernes, 20 de Mayo de 2011 15:57 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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Ya son cinco años...

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[Esta entrada corresponde al 15 de julio de 2010]

... los que hace que te fuiste, María. Tan inesperadamente, tan rápido, tan injusto, tan arrebatada de nosotros. Sin lugar a tregua, a duda, a vacile, sin oportunidad de quedarte. Tan vacíos e incompletos, tan despedazados nos sentimos entonces y nos seguimos sintiendo hoy en día. Tan tristes en tu despedida, pero tan decididos a no olvidarte. Y lo seguimos cumpliendo. Todos los años te lo digo, pero no es una cuestión de una vez al año, sino de cada día que pasa desde entonces, desde aquel 15 de julio de 2005.
 
Y te fuiste tan lejos que nunca supimos donde fuiste, pero tenemos claro dónde te quedaste para nosotros. Un beso hasta allá, María.
Viernes, 16 de Julio de 2010 13:02 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Estoy triste

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[Esta entrada corresponde al sábado día 3 de julio de 2010]
 
Sábado, 3 de julio. Estoy triste. Sí, estoy triste, y no ha sucedido nada malo. Es sólo una sensación. La sensación de ser invadido por un huracán de pensamientos que te llevan más allá. Piensas y sientes lo que hay, lo que llega y lo que llena. Y una necesidad de sentir aún más, de querer llegar hasta el fondo mismo del origen de las emociones. Pero no puedo, no lo consigo. Hoy he tenido un viaje mágico, me han llevado a un país de emoción y me han contado que para ser hay que decir pero también hay que callar. Me han mostrado el secreto de llegar al final del camino que quieres recorrer, y lo mejor es que me han avisado de todas las piedras de ese camino. Para algunas hasta me han dado indicaciones sobre cómo saltarlas. Pero estoy triste. Estoy triste porque he visto el final de la película. Ahora conozco ya el final del libro, y  me he dado cuenta de que, independientemente de lo que pase, no es un final feliz. He viajado en el tiempo y he visto a mi yo futuro, y no tenía nada de lo que añoro en el presente. Todas esas cosas que ahora anhelo conseguir están lejos, pero eso no sería malo si no conociera el final de la historia. Y es que conocer es horrible, saber es una condena. La incertidumbre, tan maldita tantas veces por grandes y admirados, se vuelve esperanza y clavo ardiendo. Dice mi admirado Oscar Wilde: "Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono, la duda es apasionante", y el aclamado Fernando Pessoa: "Vale más la pena ver una cosa siempre por primera vez que conocerla, porque conocer es como no haber visto nunca por primera vez, y no haber visto nunca por primera vez es sólo haber oído contar". Esperar la vez primera es anhelo, conocer es desilusionador, desilusionante, propio de desilusionados. Descubrir es maravilloso, esperar es viviente, avivador, es propio de los vivos. Ojalá todo fuera siempre descubrir.
 
La felicidad es andar el camino buscando tus anhelos y volcándote en las emociones. Luchar por sentir las emociones de la forma más intensa posible. Pero no puedo. Todas esas piedras del camino son más bien montañas que se elevan hasta lo más alto, con paredes ariscas y senderos inaccesibles.
 
Pero hoy me han enseñado las emociones, las mías. Ésas que están a la vez hundidas en lo profundo y apenas bajo la piel, y he comprendido que llevaba mucho tiempo sin sentir. Me gustaría dedicar el tiempo necesario a sentir, y también a hablar, para poder ser. Pero ser también implica ser percibido, y ahora mismo tengo mucho que decir, pero no encuentro el cómo ni a quién que me pueda percibir.
 
Por fortuna, la poesía de la palabra me da esa esperanza de herramienta que me permite ser al menos por unos instantes. Y ahí está, es entonces cuando soy, cuando vivo. Y saberme vivo me permite, hoy, ser feliz. Por eso, hoy ese sentimiento me gusta, y me gusta decir que estoy triste.
Domingo, 11 de Julio de 2010 14:27 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Eterna caída

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Y ahora, miren, miren cómo cae de nuevo la roca por la montaña. Después de tanto esfuerzo, tiempo y sufrimiento. Después de tantas lágrimas, sudor y sangre, vuelve Sísifo a fracasar en su eterno castigo divino. Así caen de nuevo todas las esperanzas, así vuelve a desaparecer la tenue y efímera sonrisa que esbozó mi pensamiento una vez, al creer que podría llegar la mañana en que las águilas no devorasen el hígado de Prometeo encadenado al Cáucaso. Ésa mi víscera vuelve a regenerarse, no importa ya si es una u otra, sólo importa que vuelve a ser roída hasta la angustia y el dolor insufribles, para ser una y otra vez repetida la escena. Para que Sísifo retorne al pie de la montaña, para que mire a los cielos y clame piedad en forma de un término, en forma de un final. Ni el viaje de Orfeo fue suficiente consuelo, ni siquiera se vislumbra un Hércules que rompa aquellas cadenas... Ni siquiera una luz tintinea en vela alguna.

Así son mis esperanzas, así mi condena, así mi eterna caída, como la roca de Sísifo... Sin embargo, díganme el pecado cometido.

Sábado, 03 de Abril de 2010 02:03 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Cuesta

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Sí, sigue costando... No se atenúa la sensación de imposibilidad, el sentimiento de pérdida, la incredulidad de algo que esperas que no ocurra. Siento todavía el no deseo de  lo ocurrido y continúa doliendo ese pinchazo en el corazón por no haber tenido una solución. La impotencia, la irreal culpabilidad pero real responsabilidad se apostaron en un rincón y mantienen su pie fijo en el suelo, sin que haya nada capaz de moverlas, de echarlas de ahí para siempre. Es difícil cuando sigue sin haber nada (ni lo habrá) que pueda solucionar esta situación. Cada día se me hace más difícil y más cuesta arriba, y más duro seguir luchando contra ello.
 
Imágenes, sueños, recuerdos, sentimientos y sensaciones que golpean el interior de mi cabeza y mi pecho sin darme ni un segundo de descanso. Quiero, necesito que cese ya, pero no cesará. Sólo me queda aprender a llevarlo, pero no puedo, es tan difícil...
 
Se extraña, se echa de menos cada día, a cada segundo...

Lunes, 22 de Febrero de 2010 22:45 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿Qué decir...?

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...cuando no te salen las palabras, cuando todas las palabras que puedes decir son vacuas, superfluas y sinsentido? ¿Qué decir cuando cada una de las palabras ha sido dicha y repetida n veces en lo más profundo de la cabeza para no tener que repetirla en voz alta? No quedan ganas de decir nada, pero a la vez de volver a decirlo todo, porque no consigues expresar nada. Tienes esa sensación del que bebe pero no calma su sed y, sobre todo, te sientes responsable,  casi culpable...

Es horrible esa sensación con la que, inevitablemene, tienes que lidiar. Es horrible pensar que, sin la culpa de nadie, alguien sufre. Y por eso sufres tú. Sufrimiento y sufrimiento, y precisamente por unos sentimientos que son más que merecidos pero que no son los deseados. ¿Por qué coño hay que esperar una eternidad para encontrar esa pieza del puzzle y de repente resulta que ya no quieres terminar el rompecabezas? ¿Por qué nos pasamos la existencia entera intentando darle ese sentido a pesar de ser ficción si, después, buscamos una vía de escape?

Y el asunto no es que lo busques, sino que siempre, siempre, cuando buscas algo no lo encuentras, y cuando lo tienes es cuando no lo necesitas. Es realmente horrible pensar que además, después de todo, pierdes a alguien tan importante y tan increíble que hace que todas las demás personas del mundo sean absolutamente inservibles. Siempre he odiado esto. Nunca esto me había dolido tanto, porque nadie podrá jamás reemplazar a esa persona... y lo que es peor, temo que no vuelva jamás... Ahora es invierno perpetuo...

La vida, además de ser ficción, es una putada tras otra...

Jueves, 21 de Enero de 2010 07:44 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

De paso por Chile (3er Bloque)

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[4ª PARTE]

Vaya días... Después de la vuelta de la X Región de nuevo a Santiago, las cosas no parecen ir excesivamente bien. Con la baja por enfermedad de uno de los componentes que, afortunadamente, ya está en activo de nuevo, parece que las cosas han querido torcerse al tiempo. Las inmunos no salen y el panorama no promete mejora, al menos de momento. Espero que esto vaya a mejor, porque ya sólo me faltaba eso...

Y claro, como uno tiene la cabeza en mil sitios, pues no se centra, y así nos va... Es cierto que la semana pasada fue bastante buena, pero ahora mismo, en este instante del día, me apetece estar de vuelta en mi casa y meterme en la cama, o al menos tener un momento de esparcimiento mental con los amigos y una buena cerveza para paliar esta sensación de "deslocalización".

Veremos qué pasa...

[5ª Parte]

Después de una semana compleja y estresante, el fin de semana merecía ser de relax, y así ha sido. Pero antes de contar eso debo decir que uno de esos días me llevaron a cenar a "Donde el Guatón", un lugar donde tomarse unos churrascos, omitos y demás de tamaño normal... ¡y guatón! Aquello era espectacularmente gigante, de un grosor sobrenatural, y la guerra fue ardua y duradera. Espero conseguir la foto que lo atestigua. El viernes fue más tranquilo, acabamos demasiado cansados como para salir a cenar por Santiago, pero dimos buena cuenta de los recursos ya no tan abundantes de nuestra nevera y nos hicimos una cena ligera pero sabrosa, y caímos rendidos en la cama, porque vaya tute llevábamos de trabajo…

El sábado la idea era ir a casa de uno de los “profes”, ya que iba a celebrar un buen asado con toda la comitiva de amigos, compañeros y alumnos. Nos hizo un “tour guiado” por su casa, con huerto, invernadero, barbacoa y minizoológico incluidos, y cuando empezó a llegar la gente comenzamos a disfrutar del choripán, la cerveza y el pisco sour. Luego llegó la comida, con harta ensalada y buena carne asada al fuego con salsa de ají en sus múltiples variedades de picante, de poco a muchísimo (delicioso). La verdad es que fue un almuerzo (de 13:00 a 00:30, lo normal) muy divertido donde pude conocer a un montón de gente y echarme unas buenas risas con tantos frikis de todo tipo, desde la música hasta especialmente la antropología física (debo decir que causó sensación mi esclava de calaveras, jeje). Toda la tarde se basó en comer, beber vino, cerveza y pisco, tocar la guitarra y cantar y charlar de todo un poco con todos ellos. Finalmente nos acercaron gentilmente a casa (porque era una vuelta de narices) en un coche automático donde viajábamos 7 personas; el hecho de que hubiera 5 en el asiento trasero no era ningún problema, aquí no te paran por ello… Así que debo dar las gracias a todos los que conocí porque lo pasé genial, como Gabriel, Fabián, Rocío, Catalina, Toñi, Pablo, Sebastián, todos los nombres que no recuerdo y, sobre todo, a Eugenio, Germán, Sergio, Lucho, Rodrigo y Ariel, porque fue un día fantástico.

Y aunque para el domingo la idea era juntarnos en casa de los superprofejefes, a última hora del sábado (que más bien fue primera del domingo y por teléfono), se cambió el plan para ir a pasar el día a Valparaíso. En realidad es una forma de hablar, porque hicimos un buen recorrido. A eso de las 10:30 salimos rumbo a Valparaíso, cruzando el valle de Curacaví y el de Casablanca, y llegamos a Valparaíso. Nos dimos una vuelta, subimos a los cerros en los famosos ascensores, recorrimos el puerto, nos hicimos unas fotos en el monumento a Arturo Prat (gran guerrillero chileno), visitamos la casa-museo del genuino Lukas y partimos hacia Concón, bordeando toda la costa del Pacífico y pasando por Viña del Mar y Reñaca, entre otros lugares. Las vistas son increíbles, con el gran Pacífico golpeando en sus playas, que son paradisíacas te encuentres donde te encuentres, y en el que si miras al horizonte no distingues claramente la separación entre mar y cielo, porque la bruma de la tremenda evaporación del agua lo cubre todo y el límite no queda definido.

Llegamos a Concón y nos sentamos en un buen restaurante junto a la playa, a la sombrita pero con buena brisa marina y nos decidimos por unos entrantes de locos y machas a la parmesana, acompañados de un buen pisco sour. Después, corvina Monterrey (riquísima) con cerveza y de postre papayas en almíbar. Qué delicia de marisco chileno, y eso que me quedó tanto por probar; es algo que uno no puede perderse, en serio. Con el estómago más que lleno pusimos rumbo al Norte, siguiendo la línea de la costa, y pasamos por Ritoque, Puchuncaví, Maitencillo, La Laguna y Cachagua, hasta llegar a Zapallar. Aquí tengo que decir que Cachagua es una maravilla, aspecto rural y casas increíbles, con la playa de Las Cujas, que tiene una bajada tremenda por escaleras de madera que no quiero imaginarme en lo que se traduce de subida. Pero Zapallar me impresionó; es más bien un rinconcito escondido del mundanal ruido en la costa del Pacífico, con unas playas tranquilas y del tamaño perfecto, el agua helada incluso en esta época del año y con un ambiente turista que más bien es el de propietarios de grandes fincas en la ladera de la montaña, medio disimuladas en el bosque. Las gaviotas y los pelícanos, decenas y decenas de ellos, campan a sus anchas por la zona y puedes ver el espectáculo de su vuelo rasante sobre el mar y el momento en que se alzan para tomar altura y zambullirse en picado en busca de algún desafortunado pez. Realmente un lugar hermoso, tranquilo y donde no me importaría tener una “casita” para retirarme, sinceramente. Y después de una cervecita para pasar el calor y terminar de digerir tamaña ingesta de marisco, pusimos rumbo de vuelta a Santiago atravesando la desembocadura del río Aconcagua (donde vierte sus turbias aguas al Pacífico en una espectacular mezcla de tonos marrones y azules) y metiéndonos más en el interior y pasando por Papudo, Catapilco y el túnel El Melón, y viendo cantidades inmensas de palmeras chilenas, paltos, quincos y cardones (por el camino nos topamos con un par de incendios forestales en la distancia, con grandes líneas de llamas y que tenían toda la pinta de ser provocados por la distribución del fuego, espero que se sofoquen pronto) y llegamos a Santiago, al apartamento. La verdad es que fue un día cansado, con 400-500 Km. en el cuerpo que quieras que no hacen mella, así que dormimos como campeones. Eso sí, primero había que echarle un ojo a las fotos, que ya colgaré con tiempo, y que podían haber sido más si no me hubiera quedado sin batería en la cámara (que no es de extrañar, con el ritmo de fotos que llevo últimamente para poder seleccionar las mejores)…

Y hoy a ver qué pasa en el curro, que también promete haber jaleo. A ver si funcionó el broche final de la semana pasada. Crucemos los dedos, porque nos quedan sólo un par de días…

[6ª PARTE]

La verdad es que tras sólo un par de días de mi última entrada y a tan sólo unas horas de mi vuelta a España no habría mucho que contar si no fuera porque de repente las cosas pueden adoptar un giro extraño (y graciosamente divertido, al fin y al cabo). Parece que las cosas empezaron a funcionar en el laboratorio justo a tiempo antes de partir, y pudimos recuperar gran parte del material y disponerlo para llevárnoslo a Madrid. Por el día almorzamos porotos granados con masamorra (¡espectacular!) en el mítico “Santa Inés” y por la noche salimos a cenar con unas amigas de aquí; tomamos chorrillana, sopaipillas y empanadas y luego a tomar una cerveza en plan tranquilito.

Y ayer por la mañana fue el día en que todo salía al revés, y es que amaneció un cumpleaños extraño ya de por sí. Después de levantarme aburrido de dar tantas vueltas y con tanto ruido de las obras de la misma calle, desayuno y a visitar a unos antiguos amigos del jefe. El asunto es que tratando con uno de ellos sobre los avatares de nuestra experiencia en terreno en el sur de Chile, el colega puso manos a la obra e, ipso facto, agarró el teléfono para ponerse en contacto con una compañera del hospital que trabaja en su proyecto sobre multitud de cosas de las cuales no hablaré aquí. El resultado fue que en apenas unos minutos estábamos en el hospital con una orden directa para hacernos unas pruebas en sangre y descartar posibles “consecuencias negativas” de nuestra estancia en terreno “expuestos a factores de riesgo”. Bueno, pues a esperar tocan. Como Chile es igual que España en asuntos burocrático-administrativos, la espera se demoró más de una hora y media, porque la señorita en cuestión se había ido a comer en ese instante, mira tú qué gracia (como dijo uno de nuestros interlocutores durante el desayuno de a media mañana: “Si nos hubieran conquistado los ingleses…”). Total, que después de todo ese tiempo, bastó con pasar a una sala tras dar nuestros datos para que nos sacaran 200 mL de sangre a cada uno y listo.

Así que, ya que no pudimos cumplir nuestro compromiso de ir al mercado central a comer pescados y marisco con otra persona, decidimos hacerlo por nuestra cuenta y nos dirigimos a uno de esos fantásticos “Dominó”, donde a pesar de no ser un sitio de gran glamour los completos (perritos calientes) son exquisitos, y disfrutamos de uno en condiciones con palta y jugo de melón recién exprimido (“agggghhh” [léase imitando a Homer dejando caer la baba por la comisura]). Paseando por el centro, había que celebrar el cumpleaños, así que fuimos a uno de esos fenómenos sociales tan típicos de Santiago y de los que cada vez quedan menos, un café con piernas. Bien, el sitio es bonito, bien decorado (es decir, los espejos estudiadamente colocados), y la atención buena, cos que era de esperar. Había que conocerlo, así que nos tomamos el café y nos fuimos, y listo. La verdad es que son sitios curiosos, y como experiencia estuvo bastante bien; eso sí, la fauna que se ve ahí es para escribir una enciclopedia, pero bueno…

Seguidamente me obsequiaron con una “visita guiada” por el centro de Santiago y La Vega, de la cual desafortunadamente no tomé fotos, pero desde luego es impresionante. La cantidad de pescado, fruta, verdura y otros enseres que hay ahí no tiene comparación en ningún sitio. Un mercado de tamañas dimensiones, para abastecer a toda una ciudad del tamaño de la capital chilena, es sin lugar a dudas digno de ver. Literalmente, puestos de fruta hasta donde alcanza la vista, y pasamos por los lugares donde comen los turistas y después por los buenos, donde comen los chilenos. Qué maravilla de olores… Lo cierto es que pasear por ahí te da una visión bien distinta de lo que es la ciudad. Pero merece la pena, desde luego, y muchísimo.

Y después, llegada al laboratorio, poner todo a punto durante la tarde y marchar a cenar, esta vez sí como celebración de verdad y a petición popular, de nuevo al “Bierstube”, que nos encanta, y que siempre deja con muy buen sabor de boca. La verdad es que fue el más raro, exótico, caluroso, surrealista, kafkiano, inesperado y largo cumpleaños que he tenido en toda mi vida (largo porque empezó 4 horas antes, que yo me adapté al horario español cuando me convino para recibir felicitaciones), y sin duda inolvidable.Así que esta mañana ha tocado hacer el equipaje medio corriendo y con todo ello al laboratorio, donde estoy ahora, para salir directos desde aquí al aeropuerto. Es una lástima que no hayamos podido, entre unas cosas y otras, hacer todo lo que teníamos pensado ni ir a todos los lugares que habíamos planeado, pero otra vez será. Las cosas vienen como vienen y hay que asumirlas, sean como sean. De nuevo cito al gran tipo que tan a menudo me decía (y aún me dice): “Roth, las cosas no son como deberían ser; son como son” (¡pero qué grande eres, Andrés, y cómo me he acordado de ti estas semanas por aquí!). Mañana a estas horas aproximadamente estaré por Madrid, congelándome de frío, acordándome del calor que hace aquí en estos momentos, comparando el clima, la ciudad, la gente, la forma de pensar… todo. Y por supuesto esbozando una sonrisa cada vez que me acuerde de la imagen de los árboles y adornos de Navidad con la gente en maga corta y 35º C a la sombra…

Ha sido un viaje tremendo, del que me llevo una gran experiencia, un recuerdo fantástico, una sensación de generosidad y hospitalidad brutales y un buen puñado de fotos bien chulas. Así que gracias a todos, pero sobre todo a Jesús por hacerlo posible, a Raúl, Marcia y Sole por dármelo todo aquí y enseñarme tantas cosas, y a Juanito por su maestría en el sur en todos los sentidos. Ha sido genial. Y aún me quedan algunas fotos por subir…

Me conformo con que el vuelo de vuelta sea tan bueno como el de (ven)ida…

Miércoles, 23 de Diciembre de 2009 15:16 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Gratulon!

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Je la 15 de decembro estis lia cent kvindekjariĝo. Gratulon, Dr. Zamenhoff!

Jueves, 17 de Diciembre de 2009 21:07 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

De paso por Chile (2º Bloque)

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[3ª PARTE]

Después de una semana aislado en mitad del bosque, pongo aquí mis experiencias, que he ido escribiendo de a poquito para intentar no pasar nada por alto, o al menos nada de lo importante (aunque cuento con que habré omitido sin querer un montón de detalles). Siento que resulte tan largo, pero ya que lo he escrito del tirón, prefiero que quede así.

El lunes partimos Juanito, nuestro technician zapador, Jesús y yo de Santiago en el vuelo de las 11:20, y aterrizamos finalmente en Puerto Montt un poquito antes de las 13:00. Recogimos la camioneta alquilada (un Mitsubishi L200 rojo y bien chulo) y nos dirigimos a La Picada, el lugar que habría de ser nuestro hogar durante los siguientes días. Después de un largo camino pasando por Puerto Varas, Las Cascadas y justo antes de Puerto Octay (he de decir que decidimos tomar el camino “corto”, esto es, por el Suroeste del lago Llanquihue, en lugar del Este y Norte del mismo, porque era más largo, pero tardamos mucho más debido a la carretera), y con los intimidantes volcanes Calbuco y Osorno siempre presentes (y ahora abro un nuevo paréntesis para apuntar que durante dicho trayecto tiré más de 100 fotos a los volcanes, sobre todo al Osorno, y que afortunadamente alguna quedó hasta bien, sobre todo porque la mayoría fueron desde el coche en marcha), llegamos al refugio de la señora (Guiller)Mina. En realidad decir refugio es una exageración, porque el lugar donde nos hemos dejado caer por las noches y que nos ha servido de campamento base era una cabaña o, mejor dicho, choza de madera y contrachapado regularmente apañada (pero que ya lleva unos cuantos años en funcionamiento) y realmente sucia. Por tanto, el operativo inmediato era limpiar y desinfectar bien todo el lugar (por aquello del Antavirus, que lejos de ser sano no lo es en absoluto precisamente) y colocar trampas para ratones por todas partes. Después de eso, almorzamos (a las 19:30 pasadas) y organizamos un poco los preparativos del día siguiente, que iba a ser el primer día de campaña sensu estricto. Por último, nos tomamos un ratito de relax con una cervecita bien fría y prontito a dormir porque estábamos agotados del día de trajín que habíamos tenido, o por lo menos yo.

Después de una noche no muy mala, con frío y pesadillas francamente horribles, me levanté, tomamos el desayuno con café y tostadas de jamón (riquísimas) y marchamos a explorar la zona por la que señalar objetivos. Harto el paseo, decidimos que era buen sitio para marcar y nos pasamos a saludar a un lugareño que vive en las inmediaciones para preguntarle por otras zonas a las que ir y por dónde cruzar el río. Volvimos a la cabaña, nos tomamos un tentempié con papas, cerveza y jote hasta la hora de almorzar (¡completos con arroz!). Por la tarde seguimos muestreando buscando otras zonas más propicias y después de una buena pateada volvimos para cenar una buena sopita caliente porque ya estábamos bastante fríos. Y después de eso, a dormir como campeones.

El miércoles amaneció algo más despejado que el día anterior, pero no lo suficiente. Tras la noche, esta vez con un plumón de ganso en condiciones con el que pasé menos frío, desayunamos de nuevo a lo grande y fuimos a revisar nuestro trabajo del día anterior. Sin mucho éxito, salvo unos cuantos individuos no deseados, y tras haber retirado un par de “colilargos” de la casa, que hacen más que estorbar, preparamos el almuerzo (tallarines, mmmm…) y con energías renovadas marchamos de “excursión” hacia el volcán. Llegamos hasta donde la camioneta nos permitió, pasamos a ver a los guardaparques y visitamos los antiguos refugio y mirador. Fotografiamos y tomamos vídeos por doquier del paisaje, del volcán Osorno, del Lago de Todos los Santos y todas las vistas desde allí arriba (realmente impresionante), y después de una tremenda caminata de más de dos horas llegamos a la misma ladera del volcán, donde degustamos el manjar de la nieve con harina tostada y azúcar (riquísima, de verdad). (En este momento tengo que hacer un inciso para remarcar la sensación tan increíble que es estar allá arriba, en mitad de la montaña, con un paraje inigualable y sabiendo que no hay civilización hasta muchos kilómetros de distancia. Las vistas son indescriptibles, y es una pena que la cámara no capte la belleza de ese lugar. Si tenéis oportunidad de visitar esta región, no la perdáis). Con muchísima niebla, viento y frío conseguimos bajar de nuevo al camino y retornamos a la casa. Eso sí, dimos buena cuenta en fotografías de toda la fauna que encontramos: escarabajos, hormigas, grillos, lombrices, arañas, ranas, sapos, lagartos, topillos, ratones, caballos, zorros, llamas y marsupiales. Ah, y me traje de recuerdo una piedra volcánica de la ladera del Osorno, eso que no faltara. Por último, no hubo éxito tampoco en la primera intentona de pesca, pero todo se andará, pensé yo. Nos relajamos un poco bajo el sol (abrasador sin capa de ozono e igualmente peligroso) y preparamos la cena. Y qué bien dormimos esa noche después del cansancio del día…

 El jueves amaneció, para nuestra alegría y frustración, completamente despejado. Alegría porque seguíamos teniendo buen tiempo para el trabajo, pero frustración porque el día anterior había resultado ser, después de todo, el peor para visitar las inmediaciones del volcán; esta vez podría haberse visto completamente todo sin ningún tipo de problema, pero qué le vamos a hacer… Por fin, el primero de nuestros objetivos estaba cumplido, conseguimos encontrar lo que andábamos buscando, además de un inesperado visitante que, ante la incertidumbre, “se vino con nosotros”. Procesadas las muestras y llegada la tarde bajamos a Las Cascadas, el pueblo más cercano donde comunicarnos con el mundo exterior con teléfono e internet, aunque yo no hice uso de ninguna de las dos cosas hasta llegar a hoy mismo lunes en Santiago (gracias a lo cual podéis leer esto). Las Cascadas es un pueblo curioso, con poquitos habitantes y perdido en mitad del campo, pero bien arreglada la Plaza de Armas, eso sí, y con un pan exquisito del que dimos buena cuenta más de un día, además de la delicia de los berlines, unos bollitos rellenos de crema absolutamente exquisitos. Una de las cosas más bonitas del pueblo es que tiene la playa a escasos metros. Por supuesto cuando digo playa me refiero a la orilla del Lago Llanquihue, con unas vistas alucinantes al volcán Calbuco, arena volcánica (casi negra), un agua cristalina (y fría) y el contraste de todo ello mezclado con el bosque. Imaginad la vista del atardecer con el sol de cara engullido en el horizonte por el agua del lago…

 Viernes. Como de costumbre, a eso de las 7:00 a.m. arriba, a revisar el trabajo (frustrante de nuevo, sin nada de interés) y a seguir. Todos los días acababa un poquito cansado, sudando a mares con toda la ropa para la lluvia encima y al final pasando frío (al menos no llovía, porque habría sido la debacle), pero venía bien moverse un poco por el bosque, para qué mentir. El bosque por cierto, se me antojaba una mezcla entre Perelín La Selva Nocturna, el Bosque de Fangorn y La Comarca, y moviéndose entre tal jungla yo tenía al mismo tiempo las imágenes de las selvas de “Depredador”, “Parque Jurásico” y a saber qué más cosas. La sensación de estar completamente rodeado por la inmensa (y harto densa) cantidad de vegetación era única, y más de una vez quedé maravillado con la cantidad de verde (pero verde verde, intenso) que tenía alrededor. Por supuesto, la vegetación era completamente distinta a la que estamos acostumbrados en nuestras latitudes, y aunque cuentas con ello, verlo en persona siempre choca, o al menos a mí, que miro todo al detalle. Quila, notro, nalca, arrayán y multitud de gigantescos helechos, musgos, líquenes y hongos conviven de tal manera que rara vez pisas el suelo verdadero del bosque, y ni mucho menos lo ves. Las raíces se enredan por todas partes y encuentras ramas y lianas colgando desde lo más alto. Y cuando estás en lo más profundo entiendes por qué toda la madera a pie de suelo está completamente podrida con tal cantidad de humedad y la poca luz que le llega. Al pasar por entre los árboles te topas de repente con inmensas telarañas tremendamente variadas en su forma (que también dan una idea de la diversidad y el apogeo de los arácnidos). Por la tarde decidimos darnos un paseo turístico a los Saltos del Río Petrohué. He de concretar que toda esta zona de la X Región está enmarcada en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, y en general todo es precioso. Pero en concreto esta reserva es brutal; el espectáculo de la bajada del río es único, el estruendo del agua ensordecedor, y la belleza de las aguas cristalinas es inimaginable, con esos resplandores azules y verdosos que yo sólo había visto en películas. Las rocas, las montañas y el paisaje desde allí son verdaderamente alucinantes, y todo el tiempo estábamos diciendo cosas como “¡Qué maravilla!”, “La verdad es que esto es muy bonito” o “Hazme una foto aquí que se vea el volcán” (esto último sobre todo yo, para qué negarlo). Después nos dirigimos al mismo pueblo Petrohué, que básicamente es un puerto en el fin del Lago de Todos los Santos con el río Petrohué, sin nada más que un hotel, unas cabañas para turistas (toda la región está repleta de negocios de alojamiento en cabañas) y un estacionamiento desde donde se llega a la vista majestuosa del lago y la cordillera y cuyo precio es “voluntario”, como decía el señor que se encargaba de aquello. Y como ya habíamos terminado, a cenar pasando por Las Cascadas a comprar más pan y berlines.

 El sábado el trabajo fue de nuevo alentador, repetimos éxito. El problema fue que por la tarde comenzó a llover, y duró lo suyo hasta la madrugada. Así que visto el panorama decidimos cambiar de planes y volver a Santiago ayer domingo y en avión, en lugar de conduciendo (son unos 1000 Km., así que la decisión tenía su razón de ser). Aquí diré que tuve un pequeño accidente que podría haber acabado mucho peor; al colarme junto al río por entre los árboles tropecé con unas raíces y caí de bruces contra el suelo, rodando hacia el terraplén. No sé si por fortuna, casualidad o designio divino un árbol de tronco no muy grueso frenó mi caída hacia el terraplén, que tenía una altura de unos diez o doce metros. En el momento no le di mucha importancia, pero al rato y pensándolo fríamente me di cuenta de que podría haberme quedado ahí, dándole de comer a los peces del Río Blanco (de verdad que después lo pensé y me dio miedo). Hablando del río, aproveché uno de los ratos libres del mediodía para emular a mi tocayo Redford en “El río de la vida” caña en mano, pero he de decir que tampoco tuve suerte esta vez, así que me quedé sin presa que fotografiar. Afortunadamente, el hermano de la señora Mina, llamado Fredi según creo, nos regaló las tres truchas que había pescado para que cenáramos. Este hombre es un auténtico ermitaño, vive solo en su choza a unos pocos metros de donde estábamos nosotros, vive del campo, de sus gallinas, de su pesca y de su huerto, y cuando procede ayuda a quienes se alojan allí en lo que necesitan. Nos ayudó con la bomba de agua (con una auténtica toma de tierra, lástima que no sacara foto de aquello), con “las trampas” (la historia de talar el árbol se contará en otra ocasión), nos regaló pan, pescado… La verdad es que es un hombre realmente entrañable, y puedo decir que le entendía casi todo de lo que decía (al marido de la Mina no había quien lo entendiera, con razón me dijeron que en el sur de Chile no se le entiende a la gente, porque los que viven en lo profundo son profundos pero de verdad…).

 Total, que el domingo amanecimos aún antes para recoger todo el tinglado y… ¡premio: segundo objetivo cumplido! Increíble, justo cuando recogíamos todo ahí teníamos lo que tanto ansiábamos. Con una sensación de alegría perenne (empañada por la fiebre de uno de nuestros integrantes, esperemos que no dure) terminamos de recoger, cocinamos la “receta original” de los pescados del caballero Fredi y partimos rumbo de vuelta a Puerto Montt, esta vez por el “camino largo”, pasando por Puerto Octay (que por lo poco que pude ver me pareció muy bonito, dicho sea de paso). Llegamos a Puerto Montt, depositamos nuestro vehículo arrendado y pasaré por alto los avatares hasta sacar el pasaje de vuelta a Santiago, porque eso merece consideración aparte (no es que sea muy largo, pero es un poco de coña). El vuelo fue fantástico, un tiempo muy agradable y con adelanto de casi media hora, así que llegamos bastante bien. Nos recogieron, fuimos a la universidad a dejarlo todo y volvimos a casa a deshacer las maletas, organizar un poco las cosas y acostarnos, porque el cansancio hacía mella a base de bien, y eso que apenas eran las 22:00 cuando nos fuimos a dormir…

 Y aquí estamos hoy, promete haber jaleo de trabajo con todo lo que hemos traído, pero espero poder poner al día mi correo electrónico, porque me temo que debe de estar a reventar (espero que no haya nada importante esperándome en la bandeja de entrada). Lo cierto es que esta semana se me ha pasado volando, pero paradójicamente parece que hace una eternidad que llegamos a Chile; es bastante contradictorio, aunque yo ya no me sorprendo de mi percepción del tiempo, porque varía más que las opiniones de los políticos. Eso sí, quiero dejar constancia de lo que he disfrutado en estos días; he batido mi récord de nuevo en lo más lejos que he estado de casa (tengo que mirar el mapa para asegurarme de cuántos kilómetros son; sí ya sé que vosotros habréis viajado más, pero yo no me muevo mucho porque no tengo oportunidad), gracias a Juanito he conocido y degustado las delicias del merquén, el jote, los berlines, el arroz graneado, las corbatitas, las trucha con cebolla (“receta original”), la nieve con harina (nos quedó pendiente el curanto y la ensalada de nalca, para otra ocasión) y las artes de la pesca, y he gozado viendo multitud de bandurrias y tiuques a escasos metros en pleno esplendor.

 En resumen, si es que puedo resumirlo, ha sido una experiencia única.

 P.D.- Y se me ha vuelto a pegar el sol, arghh…

Miércoles, 16 de Diciembre de 2009 17:50 roth #. sin tema No hay comentarios. Comentar.




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