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Rothfugio

Errores a través del espejo

Errores a través del espejo

            Una de esas noches horribles de insomnio. A pesar de estar cansado soy incapaz de conciliar el sueño. Y es porque tengo la cabeza dando vueltas y más vueltas. Últimamente no es el mejor momento, para qué negarlo, pero los últimos acontecimientos desatan explosiones de ideas y pensamientos que no dejan de ser confusos.

            Hay ocasiones en las que, después de tantas cosas, te planteas cuáles son tus buenas decisiones, y si tus actos han sido realmente acertados. Errores y equivocaciones tenemos todos pero, ¿somos conscientes de ello? ¿Estamos realmente al tanto de todas las cosas que hacemos mal? Incluso cuando nos revelan su existencia nos cuesta verlo. No siempre podemos ver hasta qué punto metemos la pata, y cuando aceptamos la posibilidad de haberlo hecho, es entonces cuando nos planteamos que tal vez hemos estado haciéndolo durante mucho tiempo, en muchos contextos. El actuar de buena fe no es suficiente para no equivocarse, igual que el desconocimiento de una ley no exime de su cumplimiento. El poder equivocarnos es un miedo al que hay que enfrentarse y por el que luchar pero, ¿reconocemos nuestros errores cuando están ahí? ¿Diferentes opiniones reflejan inequívocamente nuestro desconocimiento de dichos errores?

            Hace poco alguien me dijo que me he estado equivocando. En mi opinión, no han sido equivocaciones, o al menos no lo han sido conscientemente. Mi argumento era una actitud cautelosa por evitar males mayores, aunque reconozco la posibilidad de efectos secundarios adversos. ¿Hubiera sido acaso mejor actuar “por inercia” y arriesgarme a un desenlace aún más desastroso? El fondo de la cuestión es si estoy cometiendo esos mismos errores con otras personas y no estoy siendo consciente de ello. Y el efecto de todo esto es que ahora me planteo cada paso y cada palabra, aún más, por miedo a ser en realidad un “equivocante” nato, un “errador” irremediable.

            Lo único que puede hacerme conciliar el sueño ahora es, lejos de lavarme la conciencia, confiar en mi buen criterio con la sincera intención de no equivocarme nunca. Es algo difícil, es utópico, es irrealizable. Es una Quimera. Lo que queda ahora es atenerse al perdón y a la misericordia que no sabes si mereces porque no sabes si tú los concediste en su momento. Aparecen el ángel y el demonio en sendos hombros, discutiendo a voces entre ellos, y tú en medio.

            Nuestra estrategia, nuestros movimientos en la partida de ajedrez, son los que determinan el resultado. Es ahora cuando recuerdas que una vez tú estuviste en el otro lado del espejo, en el mundo de Alicia… y que al final, igual que ella, despertaste del sueño para volver a la cruda realidad.

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